Carisma

Nuestra Comunidad pertenece a la Federación de Agustinas de Ntra. Sra. Del Buen Consejo y San Alonso de Orozco, formada por 21 conventos. De ellos, 19 se encuentran en España, uno en Panamá y otro en Estados Unidos.

 

MADRE DEL BUEN CONSEJO

26 de Abril

María, mientras vivió en la tierra, fue una mujer peregrina de la fe, que, iluminada por el Espíritu Santo, poseyó sus Dones, particularmente los Dones de la Sabiduría y Consejo y, con la humildad y sencillez, de quien vive en plena confianza en Dios, desgranó su vida en fidelidad absoluta a su divina voluntad.

Cuando concluyó su peregrinación en la tierra y fue asunta al cielo, donde goza de la plenitud del Amor, posee la dimensión inmensa de toda iluminación divina, y dispone del más concorde y feliz deseo de Dios sobre cada uno de los hombres.  ¡Y sigue ejerciendo, de manera sublime y perfecta, su misión de Madre, que, en unión con el Espíritu Santo ilumina, guía y mueve a los creyentes de la tierra para que puedan obrar según la voluntad de Dios! Por eso, María desde que subió a los cielos ejerce de consejera, de Ayuda, de Mediación, de Consuelo, de Guía, de Apoyo materno para cada uno de nosotros.

Desde los primeros siglos del cristianismo ha habido pueblos que se han confiado a María invocándola como Madre, y en particular, como Madre del Buen Consejo.

El Papa San Marcos, en el año 336, mandó edificar un santuario a María en la villa italiana de Genazzano, en Lacio, región central de Italia. En esta villa se había construido un templo a Venus y bajo el pretexto de honrar a la diosa pagana se fomentaban costumbres egoístas y placenteras. Cuando se fue implantado la fe cristiana el pequeño pueblo fue detestando estas costumbres y el Papa ordenó la construcción de un templo dedicado la Virgen del Buen Consejo. Así, en aquél lugar donde habían predominado tantas conductas paganas, María influiría, guiaría y aconsejaría las mejores conductas cristianas.

En los comienzos del siglo XV, cuando la Orden de San Agustín estaba ya muy difundida por Italia, los agustinos tenían un convento junto al Santuario de la Madre del Buen Consejo, siendo así los responsables de mantener el culto a dicha advocación.

En el año 1467 el Templo se había deteriorado tanto que amenazaba ruina y la pobreza en la que vivían lo agustinos no hacía posible su reparación. Una viuda santa, Petruccia de Geneo, tuvo la inspiración de que si ella iniciaba la reconstrucción del Templo la misma Santísima Virgen demostraría su intervención maternal para que allí se reconstruyera no solo el santuario, sino la devoción a María y la fe del pueblo. Aportó generosamente cuanto tenía confiando en la providencia, pero cuando aún faltaba mucho por reconstruir las obras debieron pararse por falta de fondos.

Sin embargo, durante las fiestas del pueblo, muchas personas congregadas en la Plaza cercana al Templo, vieron una nube extraña que flotaba a muy baja altura y que se detuvo en un borde angosto de las paredes sin terminar del templo en reconstrucción. La nube se fue abriendo y en su centro apareció una bellísima pintura de la Santísima Virgen con el Niño Jesús en brazos. Las campanas comenzaron a repicar solas y la imagen quedó impresa en la pared. Todos los presentes prorrumpieron en alabanzas al mismo tiempo que experimentaban un fuerte impacto de sentimiento religioso y conversión a la fe.

¿De dónde procedía la milagrosa pintura?

Un tiempo después de la aparición de la imagen se personaron dos extranjeros de Scutari, Albania, preguntando dónde estaba la milagrosa pintura que se decía había venido envuelta en una nube. Y ellos, a su vez contaron lo que les había acaecido.

Scutari había sido tomada por los turcos. Pero ellos, cuando comprendieron que ya no podían resistir más, acudieron a pedir ayuda y consejo a la Virgen en aquél santuario donde era venerada como “Madre del Buen Consejo”; pues no deseaban caer bajo el dominio musulmán. En medio de sus súplicas contemplaron asombrados que la bella imagen de la Virgen con el Niño se desprendió de la pared y, elevándose por los cielos, se trasladó hacia el oeste. Decidieron seguir el vuelo y observaron que cruzaba el mar Adriático.

La devoción y la fuerza misteriosa que habían experimentado les animó a cruzar el mar. La buscaron inquietos hasta que se enteraron de la aparición milagrosa en Genazzano. Cuando contemplaron la pintura y constataron la coincidencia con aquella que ellos vieron desprenderse de su ciudad natal la alegría les desbordó y decidieron quedarse a vivir en Genazzano para vivir cerca de su Señora y propagar su culto y devoción.

Más tarde, se comprobó que el espacio vacío donde había estado la pintura originalmente tenía las dimensiones exactas de la imagen de Genazzano.

Ante los misteriosos acontecimientos ocurridos, y después de la aprobación de Roma y el fenómeno de la devoción del cuadro de la “Madre del Buen Consejo” por parte de la jerarquía eclesiástica el Templo quedó muy pronto concluido y embellecido.

En 1939-1945, durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba explotó sobre el Templo. El altar mayor fue completamente destruido. Todas las pinturas y estatuas en las paredes de alrededor se vinieron abajo; sin embargo, la milagrosa pintura de nuestra Madre del Buen Consejo se mantuvo intacta.

En 1875, el papa Pío IX, al mismo tiempo que inculcaba el rezo del Santo Rosario en familia, estableció que dentro de la letanía se incluyese la invocación “Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros.”

Desde el papa San Marcos (336) hasta san Juan Pablo II (1978-2005), son muchos los Sumos Pontífices de la Iglesia que la han invocado con fervor y han tenido en su aposento más íntimo un cuadro de nuestra Madre del Buen Consejo.

 

 

SAN ALONSO DE OROZCO

19 de Septiembre

Nació en Oropesa, provincia de Toledo (España) el 17 de octubre del año 1500. Enviado a la Universidad de Salamanca, se sintió atraído por el ambiente de santidad del convento de San Agustín y entró en la Orden en 1522. Un año más tarde, profesó en manos de santo Tomás de Villanueva. Junto con otros religiosos, sobresalientes en ciencia, santidad y celo apostólico, forma parte de un grupo granado de agustinos que se mueven cronológicamente en el siglo XVI y escriben uno de los capítulos más gloriosos de la historia de la Orden Agustiniana.

Ordenado sacerdote, ocupó diversos cargos que sirvieron para poner de relieve su carácter magnánimo y comprensivo. En 1554, siendo superior del convento de Valladolid fue nombrado predicador real por el emperador Carlos V y, al trasladarse la Corte a Madrid, pasó al convento de san Felipe el Real y continúo en el mismo oficio bajo el reinado de Felipe II. El llamado santo de san Felipe murió en 1591 en el Colegio de la Encarnación o de doña María de Aragón, hoy sede del Senado español.

Escribió numerosas obras de carácter ascético y teológico en las que demuestra su espíritu contemplativo, su alta valoración de la Eucaristía hasta el punto de recomendar ya en aquel tiempo la comunión diaria, su filial devoción mariana y su amor a la Orden Agustiniana. Conocía bien a san Agustín y en sus escritos y sermones abundan las citas del obispo de Hipona. Quiso ser misionero y acompañar al grupo de connovicios que embarcaron como evangelizadores hacia el nuevo mundo, pero en 1547, durante la travesía hasta Canarias, enfermó y los médicos le recomendaron regresara a la península.

En el cuadro de los autores espirituales agustinos, Alonso de Orozco es el más fecundo y más leído de los escritores en su siglo. Sus obras, escritas en castellano y en latín, fueron reeditadas y traducidas a distintas lenguas. A través de su extensa producción de literatura espiritual se puede comprobar la solidez de su doctrina. En ella se revela como maestro de oración, atento, al mismo tiempo, a las necesidades de los menesterosos.

Otro aspecto a subrayar en la biografía de Alonso de Orozco es su actividad como fundador de conventos de agustinos y agustinas: Convento de San Ildefonso de Talavera, Convento de San Alonso de Madrid y Convento de la Encarnación de Madrid de Agustinas recoletas. Fue además reformador de la vida religiosa.“La vida común y unidad fraternal de la Orden debe ser amada y seguida, porque es buena y provechosa para amar y servir a Dios de todo corazón”, escribió san Alonso (Instrucción de religiosos).

Beatificado por el Papa León XIII el 15 de enero de 1882, fue canonizado el 19 de mayo de 2002 por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro de Roma. Sus restos reposan en la capilla del Convento de agustinas contemplativas que lleva su nombre, en la calle La Granja de Madrid.